Me dejó ir sabiendo que estaba triste, me dejó irme a dormir con lágrimas y un vacío en el pecho. Desde ese momento supe el poco valor que tenía yo para él. Nunca lo hubiese dejado ir triste, nunca.
Y cuando reímos en la cama, desnudos, sin un mundo a nuestro alrededor, solo nosotros jugando, en un mar de risas y bromas sin sentido; ahí es cuando más me gusta estar a tu lado, cuando nuestros cuerpos chocan y puedo sentir tu tacto, cuando nuestros labios rozan y puedo sentir tu deseo, cuando sueltas esa peculiar sonrisa entre seductora e inocente, ahí puedo sentir tu amor.